¿Qué es la consagración?

¿Qué es Consagrarse?

El Movimiento  Mariano está constituido por todos los  religiosos – no Sacerdotes – y por los fieles que se comprometen a vivir una vida de consagración al Corazón Inmaculado de María, en serena comunión con sus Sacerdotes y Obispos.

No les une ningún vínculo jurídico y pueden libremente obrar en las asociaciones eclesiales a las que pertenezcan.

Al adherirse al Movimiento Mariano, se comprometen a llevar a cabo una experiencia de vida totalmente consagrada a la Virgen, para ser ayudados por Ella a permanecer fieles a la propia consagración bautismal, a convertirse en testimonio de comunión y unidad, en un esfuerzo constante de conversión por medio de la oración y de la penitencia.

 

Consagración de los religiosos y los laicos

Virgen de Fátima, Madre de Misericordia, Reina del Cielo y de la Tierra, refugio de los pecadores, nosotros, adhiriéndonos al Movimiento Mariano, nos consagramos de modo especialísimo a tu Corazón Inmaculado.

Con este acto de consagración queremos vivir Contigo y por medio de Ti todos los compromisos asumidos con nuestra consagración bautismal. Nos comprometemos también, a realizar en nosotros aquella interior conversión tan requerida por el Evangelio, que nos libre de todo apego a nosotros mismos y a los fáciles compromisos con el mundo, para estar, como Tú, siempre dispuestos a cumplir sólo la Voluntad del Padre.

Y mientras queremos confiarte, Madre dulcísima y misericordiosa, nuestra existencia y vocación cristiana, para que Tú dispongas de ella para tus designios de salvación en esta hora decisiva que pesa sobre el mundo; nos comprometemos a vivirla según Tus deseos particularmente en cuanto se refiere a un renovado espíritu de oración y de penitencia, a la participación fervorosa en la celebración de la Eucaristía y al apostolado, al rezo diario del Santo Rosario y a un austero modo de vida, conforme al Evangelio, que sirva a todos de buen ejemplo en la observancia de la Ley de Dios y en el ejercicio de las virtudes cristianas, especialmente de la pureza.

Te prometemos también estar unidos al Santo Padre, a la Jerarquía y a nuestros Sacerdotes, para oponer así una barrera al proceso de oposición al Magisterio que amenaza los fundamentos mismos de la Iglesia.

Bajo tu protección queremos ser también los apóstoles de esta hoy tan necesaria unidad de oración y de amor al Papa, para quien Te suplicamos una especial protección.

Finalmente Te prometemos conducir a las almas con las que entremos en contacto, en cuanto nos sea posible a una renovada devoción hacia Ti.

Conscientes de que el ateísmo ha hecho naufragar en la fe a un gran número de fieles, que la desacralización ha entrado en el Templo Santo de Dios, que el mal y el pecado invaden cada vez más el mundo, nos atrevemos a levantar confiados los ojos a Ti, Madre de Jesús y Madre nuestra misericordiosa y poderosa, e invocar también hoy y esperar de Ti la salvación para todos tus hijos, ch clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.

(Con aprobación eclesiástica)

 

Consagración de los sacerdotes

Virgen de Fátima. Madre de Misericordia, Reina del Cielo y de la Tierra, refugio de los pecadores. Nosotros miembros del Movimiento Sacerdotal Mariano llamados a formar el ejército de tus sacerdotes, hoy nos consagramos de un modo especialísimo a tu Corazón Inmaculado.

Con este acto de consagración queremos vivir Contigo y por medio de Ti todos los compromisos asumidos con nuestra consagración bautismal y sacerdotal. Nos comprometemos también a realizar en nosotros aquella conversión interior que nos libre de todo apego humano a nosotros mismos, a hacer carrera, a las comodidades, a los fáciles compromisos con el mundo, para estar, como Tú, dispuestos a cumplir sólo la Voluntad del Señor.

Y mientras queremos confiarte. Madre Dulcísima y Misericordiosa, nuestro Sacerdocio, para que Tú dispongas de él para tus designios de salvación en esta hora decisiva que pesa sobre el mundo, nos comprometemos a vivirlos según tus deseos; en particular, en cuanto se refiere a un renovado espíritu de oración y de penitencia, a la celebración fervorosa de la Sagrada Eucaristía y de la Liturgia de las Horas, al rezo diario del Santo Rosario, al ofrecimiento a Ti de la Santa Misa el primer sábado de cada mes, y a un religioso y austero modo de vida, que sirva a todos de buen ejemplo.

Te prometemos, también la máxima fidelidad al Evangelio, del cual seremos siempre anunciadores íntegros y valientes, si fuese necesario hasta el derramamiento de nuestra sangre y fidelidad a la Iglesia, para cuyo servicio hemos sido consagrados.

Sobre todo queremos estar unidos al Santo Padre y a la Jerarquía con la firme adhesión a todas sus directrices, para oponer así una barrera al proceso de oposición al Magisterio que amenaza los fundamentos mismos de la Iglesia.

Bajo tu maternal protección queremos ser también los apóstoles de esta, hoy tan necesaria, unidad de oración y de amor al Papa, para quien te suplicamos una especial protección.

Finalmente, te prometemos conducir a los fieles encomendados a nuestro ministerio, a una renovada devoción hacia Ti.

Conscientes de que el ateísmo ha hecho naufragar en la fe a un gran número de fieles, que la desacralización ha entrado en el templo santo de Dios, sin exceptuar siquiera a muchos hermanos nuestros sacerdotes, que el mal y el pecado invaden cada vez más el mundo, nos atrevemos a levantar, confiados, los ojos a Ti, Madre de Jesús y Madre nuestra misericordiosa y poderosa, e invocar también hoy y esperar de Ti la salvación para todos tus hijos. ¡Oh. clemente. oh piadosa, oh dulce Virgen María!.

(Con aprobación eclesiástica)

 

Consagración de los jóvenes

Virgen de Fátima, Madre mía tan amada, adhiriéndome al Movimiento Mariano, hoy me consagro -de modo especialísimo- a tu CORAZÓN INMACULADO.

Con este acto solemne Te ofrezco toda mi vida, mi corazón, mi alma, mi cuerpo, especialmente este período que estoy viviendo de mi juventud.

GUÍAME por la senda que nos trazó Jesús: la del amor, de la bondad, de la santidad.

AYÚDAME a huir del pecado, del mal, del egoísmo, y a rechazar las tentaciones de la violencia, de la impureza y de la droga.

TE PROMETO confesarme con frecuencia y de recibir a Jesús en mi corazón como alimento espiritual de vida,observar los mandamientos de Dios, caminar por la vía del amor y de la pureza, recitar cada día el Santo Rosario.

Quiero ser testimonio de unidad con gran amor al Papa, al Obispo y a mis Sacerdotes Te amo, Madre mía dulcísima, y te ofrezco mi juventud por el triunfo
de tu CORAZÓN INMACULADO en el mundo.

 

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