¿Qué se asume con la Consagración?

Vivir el Bautismo

En el acto de consagración para los que se adhieren al Movimiento, consignado al final del libro, se lee:

«con este acto de consagración nos proponemos vivir contigo y por medio de ti todos los compromisos contraídos con nuestra consagración bautismal».

Estas palabras expresan con claridad como un fiel, que se consagra al Corazón Inmaculado, es ayudado por la Virgen, sobre todo, a vivir hoy los compromisos contraídos en el momento de su Bautismo. Es natural que a un cristiano, inmerso en un mundo tan secularizado, le sea muy difícil en estos tiempos vivir su consagración bautismal.

El bautismo obra una transformación radical: comunica la gracia y la misma vida divina, nos conforma a Jesucristo, nos hace hermanos suyos, debiendo cada uno revivirlo en la propia vida.

Ahora bien, a través de todos los medios de comunicación social, el cristiano es fácilmente instrumentalizado y manipulado por el mundo en que vive, hasta el punto de que, muchas veces, casi sin darse cuenta, recibe de él y comparte los valores que se oponen a los que Cristo enseñó.

Así hoy, !cuántos son los bautizados que, en la vida de cada día, llegan a traicionar su consagración bautismal !

Como compromiso específico del Movimiento Mariano, la Virgen pide que los fieles se consagren a su Corazón Inmaculado; y entonces Ella, como Madre, dulcemente los conduce a vivir su bautismo en plena fidelidad a Jesús y a su Iglesia.

 

Testigos de Comunión y Unidad

En el acto de consagración de los fieles se dice también:

«Te prometemos estar unidos al Santo Padre, a la Jerarquía y a nuestros Sacerdotes y, así, oponer una barrera al proceso de oposición al Magisterio que amenaza a los mismos fundamentos de la Iglesia.»

Este es un compromiso característico, que distingue a todo fiel perteneciente al Movimiento, y lo urge a ser siempre en la Iglesia, un elemento de cohesión, de pacificación y de unidad. En este período de su purificación, la Iglesia está viviendo momentos de gran sufrimiento.

El M.S.M. quiere, ante todo, participar plenamente en todos los sufrimientos de la Iglesia, bebiendo con ella el cáliz de sus grandes amarguras. Por esto, jamás está llamado a obrar con la crítica, con el juicio y, mucho menos, con la condena. Por esto, no comparte, sino que rechaza abiertamente, el método seguido hoy por muchos que, públicamente, aún valiéndose de la prensa, critican de modo acerbo y perverso a la Santa Madre Iglesia.

Nunca se debe echar vinagre en sus heridas abiertas y sangrantes. La única ayuda que el Movimiento quiere dar, hoy, a la Iglesia es la del amor: de un amor filial y misericordioso.

«Os haré amar mucho a la Iglesia. La Iglesia atraviesa hoy momentos de grandes sufrimientos, porque cada vez es menos amada por sus hijos. Muchos quieren renovarla y purificarla sólo con la crítica, con ataques violentos a su institución. Nada se renueva ni se purifica sin amor»,

(Mensaje del 9-noviembre-1975).

Compromiso específico del Movimiento Mariano es conducir a los fieles a ser, hoy, testigos de amor a la Iglesia.

Un amor que debe concretarse en una presencia fiel y apasionada para compartir su dolor y llevar con ella su gran Cruz.

Un amor, sobre todo, que nos lleva a ser, en toda circunstancia, elementos de cohesión y de unidad, contribuyendo así.

 

Compromiso de Conversión

En la fórmula de consagración para los seglares se afirma asimismo: «Nos comprometemos a realizar en nosotros la conversión interior, tan requerida por el Evangelio».

La Virgen también pide siempre a los fieles pertenecientes al Movimiento, un compromiso diario de conversión en el camino de la oración y de la penitencia.

Por esto, como Madre atenta y preocupada, les ayuda a huir del pecado, a vivir en gracia de Dios, y les invita a la confesión frecuente, a una intensa vida Eucarística, a observar siempre la Ley de Dios, con un particular empeño por vivir la virtud de la pureza, especialmente los jóvenes y los novios, y la castidad conyugal en el sacramento del matrimonio, según la doctrina de Cristo recientemente reafirmada por el Magisterio de la Iglesia.

Y esto es hoy tan necesario para reaccionar contra la impureza más desvergonzada que es difundida por doquier, si se quiere contribuir al logro de un mundo más limpio y bello.

«Los fieles sean un ejemplo con una forma de vida austera, con el repudio de una moda cada día más provocativa y obscena, combatiendo por todos los medios la difusión de la prensa, de espectáculos inmorales y el continuo desbordamiento de ese mar de fango, que todo lo sumerge. Sean un ejemplo, para todos, por su pureza, por su sobriedad, por su modestia. Huyan de todos los lugares donde es profanado el sagrado carácter de su persona. Formen, en torno a mis Sacerdotes, mi gran ejército blanco»,

( Mensaje del 1-noviembre-1973).

Ya se cuentan en decenas de millones los seglares que, de todas partes del mundo, se han adherido al Movimiento Mariano, y, con frecuencia, precisamente de ellos los Sacerdotes, reciben buen ejemplo, ayuda concreta y aliento precioso.

 

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