Apariciones del ángel

2ª Aparición

Un día de verano del mismo año – 1916 -, los tres niños jugaban en casa de Lucía cuando volvió a aparecerse el Ángel el cual les dijo: «¿Qué hacéis?. ¡Orad mucho!. Los Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced al Altísimo contínuamente oraciones y sacrificios».

Pero los niños le preguntaron extrañados: «¿Cómo hemos de sacrificarnos?».
Y ésta fue la contestación del Ángel:

«En todo lo que podáis, ofreced a Dios un sacrificio en acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido, y de súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así, sobre vuestra Patria la paz. Yo soy el Ángel de su guarda; el Ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad con sumisión, el sufrimiento que el Señor os envíe».

A partir de entonces, no dudaron los niños en ofrecer sus sufrimientos a Dios, para reparar por tantas ofensas como recibe de los hombres y como súplica por la salvación de los pecadores.