Espiritualidad

Introducción

La espiritualidad que la Virgen María delínea en este su Movimiento Sacerdotal Mariano se manifiesta en  tres grandes líneas:

  1. Consagración al Corazón Inmaculado de María.
  2. Unión con el Papa y con la Iglesia unida a Él.
  3. Conducir a los fieles a consagrarse a la Virgen María y fomentar la devoción a Ella, sobre todo a través de los Cenáculos de oración, la difusión del Libro del MSM y de una vida de fe, oración y testimonio cristiano.

El MSM (Movimiento Sacerdotal Mariano) desarrolla la espiritualidad de la Virgen María en Fátima.

El nombre de sacerdotal puede engañar a alguno pues es un Movimiento Mariano que acoge también a todos los religiosos y  seglares.

Consagración al Corazón Inmaculado de María

Vivimos ahora tiempos difíciles, inseguros y dolorosos. Hoy el dragón rojo domina en el mundo y ha logrado edificar una civilización atea. El hombre, agigantado por el progreso técnico y científico, se ha puesto en el lugar de Dios y se ha construido una nueva civilización de tipo secular. Este rechazo radical de Dios es un verdadero castigo para la sociedad actual.

Siendo Dios el Salvador y Jesucristo el único Redentor del hombre, la humanidad sólo puede salvarse hoy con la condición de volver al Señor. De lo contrario, corre el peligro de destruirse con sus propias manos. Pero ¿cómo puede ser salvada, si sigue obstinada en rechazar a Dios, el único que puede llevarla a la salvación?. Aquí entra precisamente la función de María con motivo de su maternidad. María es la Madre de Jesús y ha sido constituida por Jesús, verdadera Madre de todos los hombres. Por tanto, María es Madre también de los hombres de hoy, de esta humanidad rebelde, y tan apartada de Dios. Su obligación maternal es salvarla. Y la Virgen, para salvarla, quiere hacerse Ella misma camino para su retorno al Señor. Ella actúa de todas las maneras y no se da punto de reposo en su afán de lograr este retorno. Y esta es la razón de sus frecuentes manifestaciones extraordinarias, que hoy son tan numerosas: quieren hacernos comprender que nuestra Madre celestial está presente y que actúa en medio de sus hijos. Ella desea actuar personalmente pero no directamente. Y puede hacerlo a través de los hijos que se consagran a su Corazón Inmaculado y se confían totalmente a Ella, de modo que Ella misma pueda vivir y manifestarse en ellos. Pero ante todo, quiere obrar a través de los Sacerdotes, porque ellos son sus hijos predilectos.

 

 

Es típico de la espiritualidad del M.S.M. no formular la doctrina de la consagración, ya conocida en la Iglesia, sino exhortarnos a experimentarla en la vida de cada día. Por esto, traza un itinerario que lleva a la perfección de la confianza en la Virgen y se desarrolla en cuatro etapas sucesivas : habituarse a vivir con María; dejarse transformar interiormente por Ella; entrar con Ella en comunión de corazones; finalmente, revivir a María. Entonces la meta a la cual conduce el camino de la consagración, exigida como primer requisito para pertenecer al M.S.M., es ésta: dejar que María viva y obre en nosotros. «Quiero amar con vuestro corazón, mirar con vuestros ojos, consolar y animar con vuestros labios, ayudar con vuestras manos, caminar con vuestros pies, seguir con vuestras huellas ensangrentadas y sufrir con vuestro cuerpo crucificado», (1 julio, 1981). Ahora se comprende porque la Virgen pide la consagración al Corazón Inmaculado a los que quieran pertenecer a su ejército. Ella misma quiere vivir y obrar en sus hijos consagrados, de modo que lleguen a ser expresión de su dolor y de su amor maternal, y trabajen sin descanso para reconducir todos los hombres a Dios.

Así la humanidad de hoy podrá llegar a la salvación por el camino del amor maternal de María que se hace el canal a través del cual puede llegar a todos el amor misericordioso de Jesús. La consagración al Corazón Inmaculado de María está ordenada, en último término, a la consagración del mundo, o sea, al pleno retorno del mundo a la perfecta glorificación del Señor.
Así se comprende por qué el Papa Juan Pablo II, en el acto de consagración o entrega al Corazón Inmaculado de María, ve el medio más eficaz para obtener el don de la Divina Misericordia sobre la Iglesia y sobre toda la Humanidad (Dives in Misericordia, 15). Y se ilumina con profundo significado el gesto, criticado, a menudo por algunos, que el Juan Pablo II repetía, muchas veces, con fervor e íntima alegría del alma, de su personal consagración a María. Así se explica lo que hizo en todas partes del mundo, con ocasión de sus frecuentes peregrinaciones apostólicas cuando visitaba los Santuarios más célebres, para consagrar al Corazón Inmaculado las iglesias locales en las cuales se encontraba. La razón profunda es que en la consagración al Corazón Inmaculado de María, Juan Pablo II veía el medio más poderoso para obtener sobre el mundo contemporáneo el don precioso del amor misericordioso de Jesús. «…Oh, cuán profundamente sentimos la necesidad de consagración para la humanidad y para el mundo: para el mundo contemporáneo!… ¡Oh, cuanto mal nos hace, por tanto, todo lo que, en la Iglesia y en cada uno de nosotros, se opone a la santidad y a la consagración !… Sean benditas todas aquellas almas que obedecen a la llamada del eterno Amor. Sean benditos aquellos que, día tras día, con inagotable generosidad, acogen tu invitación, oh Madre, a hacer lo que dice tu Jesús, y dan a la Iglesia y al mundo un sereno testimonio de vida inspirada en el Evangelio», (Consagración al Corazón Inmaculado de María , de Juan Pablo II, hecha el 13 de mayo de 1982 en Fátima).

La unión con el Papa y con la Iglesia

La Iglesia es divina y humana y, en su dimensión humana, es frágil y pecadora, y así tiene necesidad de hacer penitencia. La Iglesia es Luz del mundo, «Lumen Gentium», pero frecuentemente los males del mundo en que vive se convierten en enfermedades que atacan a la parte humana de la Iglesia. Esto está comprobado por sus casi dos mil años de historia.

Hoy la Iglesia vive en un mundo que ha construido una nueva civilización secular. El espíritu de este mundo, o el secularismo, que ha entrado en su interior, ha causado el estado de gran sufrimiento y de crisis en que la Iglesia se encuentra. Es el famoso «humo de Satanás», de que hablaba Pablo VI, de venerada memoria. El secularismo, en el nivel intelectual, lleva al «racionalismo», y en el nivel de vida, al «naturalismo» y al hedonismo.

A causa del racionalismo, existe hoy en día la tendencia a interpretar de manera puramente humana todo el misterio de Dios y el depósito de la verdad revelada, y así se niegan, con frecuencia, los dogmas fundamentales de la fe y se difunden los errores más graves de manera escondida y ambigua. A veces, estos errores se enseñan aún en escuelas católicas y, así poco o nada se salva de la Divina Escritura e incluso del Evangelio de Jesús. «Habéis compuesto un Evangelio para vosotros con vuestras palabras» (25 septiembre, 1976).

Debido al naturalismo, hay ahora la tendencia de dar gran valor a la propia acción personal, a la eficacia y a la programación en el sector apostólico, olvidando el valor primario de la Gracia Divina y que la vida interior de unión con Cristo, es decir, la vida de oración, debe ser el alma de todo apostolado. De aquí se origina la pérdida gradual de la conciencia del pecado como un mal y el descuido del Sacramento de la Reconciliación, que se ha difundido ahora en toda la Iglesia.

Contra estos errores que, de manera solapada y peligrosa, atacan a la integridad de la fe, se ha pronunciado claramente el actual Papa Benedicto XVI cuando era el Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, con su famosa entrevista, publicada en el libro «Informe sobre la Fe». Pero también ahora disfrutamos de su Magisterio. El Papa se pronuncia a menudo con firmeza e insistencia.De ahí este Año de la Fe y de su preciosa Carta Apostólica » Porta Fidei». Así surge espontáneamente la pregunta: ¿Cómo es posible que la Iglesia no haya salido todavía de su profunda crisis de fe?. La persistencia de la crisis en la Iglesia depende sólo de su desunión interior. A causa de ésta, hoy, no todos escuchan y siguen todo lo que el Papa indica con su Magisterio.

La Virgen ha obtenido para la Iglesia, en estos últimos tiempos, dos  grandes Papas: Juan Pablo II, consagrado a su Corazón Inmaculado, y que Ella misma condujo por todos los caminos del mundo para difundir la Luz de Cristo y de su Evangelio de salvación y para confirmar en la fe a todos, Pastores y rebaños a ellos confiados.Esta labor admirable    la sigue con admirable claridad el actual Papa Benedicto XVI.

Pero, en torno al Papa hay a menudo un gran vacío: su Magisterio no es apoyado por toda la Iglesia y muchas veces su palabra cae en un desierto. Y sin embargo, la renovación de la Iglesia sólo se logra a través de su interior unidad. Por tanto, el camino que debe recorrerse es el de plena unión de todos los Obispos, Sacerdotes y fieles con el Papa.

Así queda explicada la profunda razón del segundo compromiso del Movimiento Sacerdotal Mariano. La Virgen nos pide hoy que sirvamos de ejemplo a todos para esta unidad. En amar al Papa, en orar y sufrir por Él, en escuchar y difundir su Magisterio, y de modo especial en obedecerle siempre en todo. La Virgen quiere que vuelva a florecer en el clero el ejercicio humilde y fuerte de la virtud de la obediencia. Naturalmente, la obediencia al Papa, el cual es punto de referencia y de comunión con el Obispo, implica la comunión de obediencia con el Pastor de la propia diócesis y con los propios superiores.

Un gran amor a la Virgen para secundar su Obra corredentora del Cenáculo

Este tercer compromiso se basa en un profundo amor a la Virgen María. Este amor a la Virgen nos llevará a una intimidad especial con Ella y motivará la Consagración a su Corazón Inmaculado que Ella nos pide para poder ayudarnos a vivir la misión que Dios Padre nos ha encomendado a cada uno de nosotros. Fruto de  este amor surgirá espontaneo el deseo de ayudar a Nuestra Madre en su preocupación más sentida: Salvar a todos sus hijos, indicarles el camino de su salvación, llevarlos de la mano a su Hijo Jesucristo.

Por eso  nos introduce en su gran obra de oración, intercesión y reparación en favor de toda la humanidad. Nos regalará el Cenáculo para poder orar e interceder con Ella en favor de la humanidad en estos tiempos tan marcados por la apostasía. Esta tarea de Medianera y corredentora de la Virgen María necesita la oración del Cenáculo para participar nosotros con Ella en su obra de intercesión y consiguiente salvación de todos sus hijos, nuestros hermanos

Desde el principio se entendió que a Religiosos y fieles se les llamaba a formar parte de este Movimiento. En efecto, el tercer compromiso de todo sacerdote del M.S.M. es el de conducir a los fieles confiados a su cuidado pastoral a la consagración al Corazón Inmaculado de María. «… Pero los Sacerdotes deben ahora comenzar a actuar; por ellos quiero volver en medio de mis fieles, porque es con ellos, en torno a mis Sacerdotes como Yo quiero formarme mi ejército invencible…», (1 de noviembre de 1973).

Esto explica por qué el M.S.M., que surgió en primer lugar para los Sacerdotes, se abra también al vastísimo mundo de los religiosos y  laicos, dando origen al Movimiento Mariano. La Virgen María quiere realizar con  todos sus hijos ( sacerdotes, religiosos y laicos) especialmente la oración del cenáculo, como un medio especialmente importante de ayuda a la salvación de toda la humanidad, especialmente de los más alejados del Señor.

 

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